miércoles, 18 de febrero de 2026

Diarios

La pregunta es: ¿Al entrarle a un escritor nuevo se deberían leer primero sus novelas que sus diarios? La primera respuesta que se me ocurre es: no lo sé. Vuelvo a lo mismo. Sé muy pocas cosas en esta vida y cada vez dudo más sobre las que creo saber.

La segunda es: No importa un carajo, usted lea lo que le dé la gana y ya está. Como esas, imagino, habrán más respuestas, pero todo esto de lo que hablo no viene al caso, es decir, fue la forma en que se me ocurrió iniciar este post, una introducción digamos.

La pregunta vino a mi cabeza porque de link en link conocí A vuelo de pájaro, los diarios de Marcela Serrano, una escritora chilena que no conocía.

Creo que parte del inicio del prólogo de sus diarios, ayuda a responder mi pregunta: “Y de repente me aburrí. Quise salir de la novela, pero no pude salir de la página ni de las palabras”. Entonces, como Serrano, también puedo salir un momento de la lectura de novelas y dedicarme a leer sus diarios, sin haber leído nada de su obra.

Con Virginia Woolf me pasó igual. Primero me leí sus diarios antes que leer una de sus novelas, al igual que con Anaïs Nin, cuyos diarios, pienso, deberían leer todas las personas porque son tremendos. No hay mejor diarista, ¿así se dice?, que ella.

Por recomendación de Millás comencé a leer los de John Cheever y tengo anotados unos de otros escritores como Diario estúpido de Cecilia Vicuña o A ratos perdidos, del escritor español Rafael Chirbes.

Supongo que me gustan tanto ese tipo de textos por su crudeza. El escritor no está pensando en tramas o conflictos, sino en reflejar su cotidianidad de forma sincera. Eso es, no me había dado cuenta hasta ahorita que lo escribí. Si me gustan los diarios es porque son textos sinceros. Aunque puede que esté equivocado, porque aunque mínimo, los diarios también deben tener un porcentaje de ficción, también son literatura.

De pronto, un buen ejercicio sería escribir unos diarios sin editarles ni corregirles nada.

sábado, 7 de febrero de 2026

Mario y sus pensamientos perdidos


Mario camina hacia la estación de buses y Lleva puesto un sombrero de copa ancha. La prenda li protege de un sol despiadado que se desparrama sobre los andoquines con ganas de quemarlo todo. 

A Mario se le ocurre un futuro en el que el sol se va a salir de control y sus rayos van a consumir a los humanos. Todos hablan de que van subir los niveles del mar, pero Mario cree que aquellos que piensan temas importantes deberían preocuparse del sol. El fuego y no el agua será el problema del futuro.

Ya es más del mediodía. Un gallo canta como si el sol estuviera a punto de salir y un perro responde a su llamado combinando ladridos y gemidos. Una voz lo regaña y el animal hace silencio.

Hacia Mario se aproximan tres estudiantes de colegio: un hombre y dos mujeres. Las adolescentes van agarradas de la mano. Mario se pregunta si serán novias y si el chico que las acompaña siente algo por alguna de ellas.  puede ser que solo espera el momento adecuado para actuar, para declararse a su traga. A Mario le gustaría decirle al chico que el momento adecuado no existe, que actúe ya, hoy mismo, porque ya está claro que el mañana es de los muertos.

Piensa entonces en Ángela y Sandra dos amigas suyas que a veces contaban que se habían besuqueado en tal o tal lugar. Él nunca las vio haciéndolo, pero cuando hablaban sobre el tema,  le parecía que lo hacían por deporte y no porque realmente se gustaran.

Cuando está a pocas cuadras del terminal, ve pasar el bus que le sirve. Piensa en correr para alcanzrlo, pero como tiene ganas de comprarse una botella de agua desiste de la idea. Ya me montaré en el próximo, piensa y siente que el sol castiga con mas furia el pueblo.