A veces siento que debería escribir más. Ahí difiero con la frase de Zambra. Un escritor debe escribir mucho y que lo poco en esa actividad no funciona, aunque quipen sabe. Hace poco una mujer me contó el caso de un escritor que escribió una novela de a una frase por día.
En fin, me gustaría, como dijo García Márquez, “escribir como un tren”. Así decía que se sintió cuando escribió Cien años de soledad y pasó 18 meses encerrado en un cuarto trabajando en la novela.
Últimamente sí he escrito, pero no como un tren, sino como en bicicleta o incluso en paseos a pie cortos, muy cortos a veces, creo yo.
La vaina es que también quiero leer. De hecho, como he dicho antes, mejor leer que escribir. Además, también quiero ver series y dibujar, entonces ¿escribir para cuando?
Pero sí, quiero experimentar lo del tren, que no me alcancen los dedos para teclear todas las frases que se me ocurren. Escribir de corrido, de chorro, sin pensar mucho en gramática o sentido o estructura. Escribir a lo desgualetao’ para después corregir lo escrito, pues, como me dijo un escritor hace poco: “Esto es como una arepa: toca darle varias vueltas para que esté”.