La segunda es: No importa un carajo, usted lea lo que le dé la gana y ya está. Como esas, imagino, habrán más respuestas, pero todo esto de lo que hablo no viene al caso, es decir, fue la forma en que se me ocurrió iniciar este post, una introducción digamos.
La pregunta vino a mi cabeza porque de link en link conocí A vuelo de pájaro, los diarios de Marcela Serrano, una escritora chilena que no conocía.
Creo que parte del inicio del prólogo de sus diarios, ayuda a responder mi pregunta: “Y de repente me aburrí. Quise salir de la novela, pero no pude salir de la página ni de las palabras”. Entonces, como Serrano, también puedo salir un momento de la lectura de novelas y dedicarme a leer sus diarios, sin haber leído nada de su obra.
Con Virginia Woolf me pasó igual. Primero me leí sus diarios antes que leer una de sus novelas, al igual que con Anaïs Nin, cuyos diarios, pienso, deberían leer todas las personas porque son tremendos. No hay mejor diarista, ¿así se dice?, que ella.
Por recomendación de Millás comencé a leer los de John Cheever y tengo anotados unos de otros escritores como Diario estúpido de Cecilia Vicuña o A ratos perdidos, del escritor español Rafael Chirbes.
Por recomendación de Millás comencé a leer los de John Cheever y tengo anotados unos de otros escritores como Diario estúpido de Cecilia Vicuña o A ratos perdidos, del escritor español Rafael Chirbes.
Supongo que me gustan tanto ese tipo de textos por su crudeza. El escritor no está pensando en tramas o conflictos, sino en reflejar su cotidianidad de forma sincera. Eso es, no me había dado cuenta hasta ahorita que lo escribí. Si me gustan los diarios es porque son textos sinceros. Aunque puede que esté equivocado, porque aunque mínimo, los diarios también deben tener un porcentaje de ficción, también son literatura.
De pronto, un buen ejercicio sería escribir unos diarios sin editarles ni corregirles nada.
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