sábado, 17 de enero de 2026

Sun is shining

Sun is shining
The weather is sweet
Make you want to move
Your dancing feet

Camino y hace sol. De repente llega la canción Sun is shining de Bob Marley a mi cabeza. Repito en mi cabeza la frase que dice: To the rescue. Here I am una y otra vez. No sé por qué recordé ese estribillo.  igual dejo que acompañe mis pasos. My dancing feet.

Me dirijo hacia una librería con un único fin: conseguir el libro Ganar es perder un poco. Hace poco entré a su página web y dice que está disponible. Uno de los textos de ese libro es de Lina María Parra y esa es la principal razón para comprarlo. Es una compra por despecho, porque he buscado como loco su libro de cuentos Llorar sobre la leche derramada. Parece que no existe. Lo único bueno que me dejó esa búsqueda fallida fue Animal Extinto, un cuento que escribí.

Ya en la librería, un librero me dice que si tienen una copia del libro pero en la otra sede. Animal extinto, vuelvo a pensar. Camino hacia la parte de atrás donde queda un café, me compró un capuchino y sigo con la lectura de Solito.

En la mesa de al lado, un hombre sostiene una reunión virtual. Al principio se me hace parecido al escritor Juan Gabriel Vásquez, pero pronto caigo en cuenta de que no es él.

Imagino que habría pasado si fuera el escritor. Seguro nada porque no tengo mucho que decirle. Si me animara a hablarle, así como de la nada, le diría: Creo que su mejor novela es El ruido de las cosas al caer. A La forma de las ruinas le sobran unas 200 páginas y no me enganché con Los informantes. También pienso que Vásquez levantaría las cejas por un segundo y seguiría con su reunión.

Le doy otro sorbo al capuchino y no termino de encontrar una posición para leer. No sé si recostarme en la silla y levantar el libro a la altura de mis ojos, cruzar las piernas o poner el libro encima de la mesa.

Le doy otro sorbo al capuchino y caigo en cuenta de la música que sale de unos parlantes ocultos. Suena Sun is shining. Imagino que es una especie de señal, pero no sé qué significa. Seguro solo es una coincidencia, pero se me hace extraña. Como de novela.

Le doy un sorbo largo al capuchino para terminarlo. El doble de Juan Gabriel Vásquez gesticula con las manos y no para de sonreír.

So, to the rescue
Here I am
Want you to know, just if you can
Where I stand

Abandonó el lugar.

jueves, 15 de enero de 2026

Leer o escribir, esa esa es la pregunta

Debería leer en vez de estar escribiendo estas palabras mediocres o estas mediocres palabras. A veces dudo de todo, de si utilizo la sintaxis correcta, de si las frases que escribo tienen sentido o si las personas que las leen le van a encontrar alguno.

Por eso digo que debería estar leyendo. Pienso en esto por una frase que leí en Que pase lo peor, la última novela de Antonio García Ángel: “Mucho mejor leer cosas buenas que escribir malas”. Me parece que la frase quedaría mejor así: “Mucho mejor leer cosas buenas que escribir textos chimbos”.

De hecho si pienso ponerme a leer, pero quería escribir el segundo post de este año, algo, lo que fuera, sin importar lo malo o no. Esperaba contar cómo hace unos días, en un cita donde el oftalmólogo, saque un librito para soportar la espera y una persona a mi lado se puso a leer una noticia en voz alta. Odio las noticias, los noticieros, enterarme de que el mundo cada día va más en picada. Al poco tiempo, cuando decidí retomar la lectura, me llamaron a consulta.

De pronto no era tan importante, porque lo pude resumir en unas cuantas palabras. A veces eso pasa con lo que uno quiere contar: En ocasiones los temas se dilatan y se extienden fácil; en otras, uno escasamente alcanza a arrancarle unas cuantas palabras.

Mejor me voy a leer.

viernes, 2 de enero de 2026

Wachumara

Wachumara es la palabra-no-palabra, que se me ocurre para titular este post que, pienso, bien se podría llamar: escrito a dos tiempos.

El primero es este, que tecleo antes de salir a la calle y sin saber sobre qué escribir ni cómo empezar. Es, creo, un momento parecido a la transición del sueño a la vigilia, donde uno está desorientado, sin poder comunicarse con la realidad.

7.27 p.m.

Llego a casa, me preparo un tinto, me sirvo una bola de helado de ron con pasas y me siento en el escritorio a seguir con este wachumara, el segundo tiempo de este escrito.

Horas antes mientras hacía fila para comprarme un café una pareja se ubicó detrás de mí. Comencé a escuchar su conversación. Era en inglés. La mujer hablaba con un acento marcado (thick dirían los gringos) y el hombre con uno latino.

Discutían por algo. Me hice el loco y volteé a mirarlos. El lenguaje corporal de la mujer (brazos cruzados y quijada elevada) indicaba que estaba de mal genio. Me esforcé por entender, pero aparte del acento, la mujer hablaba en tono bajo lo que solo me permitía captar algunas palabras sueltas.

En un momento la mujer subió la voz y  djo: “How could you say to your parents: She wants to go to the mall, instead of saying: we're going to the mall. That leaves room for interpretation.”

El hombre se quedó callado como buscando las palabras precisas, pero la mujer siguió hablando: “I don't know how to communicate with them...."

El hombre debió hacer algún gesto de reproche porque la mujer concluyó con un contundente: “Calm down!”

A la larga pienso que este texto en principio titulado wachumara o escrito a dos tiempos, bien podría haberse titulado 
miscommunication, pues vivir bien se resume a saber comunicarse, bien sea con los demás o la realidad, cuando se habla, apenas despertamos o se comienza a escribir.