jueves, 9 de febrero de 2017

Crudo

Sabe que algún día va a publicar un libro con las versiones 1.0 de sus escritos favoritos, páginas llenas de errores de sintaxis, faltas de ritmo y  sonsas, pero a las que les guarda cierto respeto por su crudeza. 

No entiende  por qué la raza humana le tiene tanto pavor a lo crudo, a lo que no ha sido procesado de ninguna manera, a lo lleno de errores, un decir, pues está seguro de que resulta imposible saber qué, de todo lo que puebla la tierra, es un acierto o una equivocación.

Alguna vez leyó, ya no recuerda donde, que esa aversión a lo no procesado, es una de las razones por las que el oro, al transformarse en un producto: un collar, una cadena, un anillo, un diente, lo que sea, adquiere su máximo potencial comercial,  mientras que a él le parece más bello en su estado más puro, o bien crudo, cuando aparece flotando, en forma de diminutas pepitas, sobre las bateas que levantan y lavan la tierra de los ríos.

Cree que cada cosa cruda es un punto de inflexión en el universo que puede  darle un vuelco radical al curso de cualquier acontecimiento.  

miércoles, 8 de febrero de 2017

Sueños

Así se llama un cuento que leí hace poco y que trata sobre una mujer que todas las mañanas le narra los sueños a su marido. Tengo entendido que todos soñamos, solo que unas personas tienen facilidad para recordar lo que soñaron, y otros no recordamos nada, o cuando lo hacemos son solo pequeños fragmentos o escenas sin conexión alguna que aumentan aún más el surrealismo que a veces adoptan los sueños.

Hace mucho una amiga, la misma que tiene como costumbre leer las últimas palabras de una  novela antes de comenzar a leerla, me contó que soñaba todos los días.  Eran sueños muy vividos, a manera de relatos enteros que siempre tenían un desenlace.  Ella escribía un blog donde los relataba, pero lamentablemente en cierto momento su gasolina para escribir se le acabo y dejó a un lado el registro de sus sueños.  Hace un tiempo volvimos a hablar y le pregunté si seguía soñando todas las noches; me contó que ahora depende de lo cansada que esté, que si ha tenido un día muy pesado el sueño es tan profundo que no sueña nada, por decirlo de alguna manera.

Dicen que los sueños reflejan todo lo que guardamos en el subconsciente, también todos nuestros miedos y deseos y hay quienes se aventuran a descifrarlos  o darles un significado, que cosa de locos. Tal vez los sueños  sólo existen para ser narrados  y no para intentar descifrarlos.

Mi hermana me cuenta que el sueño más extraño que ha tenido en su vida fue uno en el que ella estaba en el colegio y tenía 5 balas en la cabeza pero seguía consciente y hablaba con un grupo de profesoras que, minutos antes de enterarse de su estado,  discutían sobre la compra de una matera, mientras ella les decía: "¡Oigan! pero es que tengo 5 balas en la cabeza",  ¿Quién descifra eso?

" Tiene la expresión de quién acaba de despertarse, pero en 
su mirada también se aprecia que viene de muy lejos"
- Sueños, Raymond Carver -

martes, 7 de febrero de 2017

El conductor

Se llama Alberto.  Calculo que debe tener un poco más de 55 años.  Después de subir a su carro, en las primeras cuadras del trayecto. miro distraídamente por la ventana, mientras mastico un par de asuntos en mí cabeza, y me fijo en  los rayos de sol que se estrellan con furia contra el pavimento.   No tengo ganas de hablar.  Él comienza a hacerlo.

En un cruce de una calle de barrio le da paso a una mujer que empuja un carro de bebidas calientes. "Lo que es el rebusque,  ¿no?". "Si" le respondo, sin tener muy claro a que hace referencia y para entrar en modo conversación. Comienza a hablar.  Me despido del silencio que había pretendido guardar.

"Ayer recogí un muchacho muy joven, un venezolano.  Se vino para acá con toda la familia y no saben qué van a hacer.  Me contó que la situación allá está muy jodida.

"Mi hija, la menor, apenas terminó la universidad se fue para Aruba, pero se tuvo que devolver".  No entendí por qué hizo ese comentario.
"¿Qué estudió su hija?"
"Comercio Internacional"
" ¿Y qué hacia en Aruba?"
"Iba a trabajar en un puerto, pero mucho venezolano se ha ido para allá y regalan su trabajo, por eso se tuvo que devolver.  Lo bueno es que apenas llegó consiguió trabajo en Iberia.
"Unas por otras"
"Si".

"La mayor es diseñadora gráfica y trabaja en Auros.  Puede que no sean súper carreras, pero ahí van, además me han ayudado a aliviar la carga financiera, pues ya ambas aportan a la casa".  No me mira, parece que aprovecha para recordar algún momento compartido con sus hijas.  "Cada mes dicen. Mire mami, tome esta plata para los gastos del hogar."

"Lo importante es que les guste lo que hacen". Le digo.  Alberto me mira, sonríe y asiente con la cabeza.

Nos quedamos callados por un momento, pero Alberto lanza otra frase, a modo de salvavidas para la conversación:

"Yo a los 11 años me fui de la casa".  Lo miro con sorpresa y continua hablando. "Mi papá fue un viejo borrachín y todas las noches llegaba a darnos palo a mí y a mi hermano.  A mis hermanas nunca las tocó porque mi mamá no dejaba que les pusiera ni un dedo encima.  Yo me mamé y por eso me largué.  Fue una época dura.  Vivir en la calle es tenaz, pero aprendí a trabajar desde chiquito en muchas cosas, como mecánica y construcción.

"Este solazo está como pa' una pola,  ¿cierto?".  Ahora so yo el que asiente con la cabeza".  "Una polita bien fría no nos vendría nada mal", concluye.

Le pregunto que si siempre se ha dedicado  a conducir carro.  "No, durante 20 años administré varios locales de chance y luego de eso monté una empresa de artes gráficas.  Hace unos años al negocio le fue muy mal y hasta ahora me estoy recuperando, y ya es otro cuento con las hijas como profesionales.  Yo manejo por ahí hasta la 1 y me voy para la casita".

"He pensado en irme a vivir a tierra caliente mis últimos días" me dice.
"Si, vivir el desenlace de la vida en un lugar así debe ser bueno.  El caos de la ciudad como que lo envejece a uno más rápido" Le respondo.
"Si, mire que hace poco estuve en la casa de un primo en la Mesa y la pasé muy rico.  Me levantaba temprano y me hacía un tintico.  Pues sí, a eso es lo que le apunto y debo aprovechar ahora que estoy mejor de salud.  Hace un tiempo que me dejaron de funcionar los riñones y me la pasé en la clínica de cirugía en cirugía.  Y cómo son las cosas, mire que mi mamá sigue viva, pero  ¿usted cree que se preocupó cuando estuve grave en la clínica? Nada".

No se me ocurre que responderle y al rato llegamos a mi destino.  Le doy las gracias y le estrecho la mano, Alberto sonríe y me desea un buen día.

lunes, 6 de febrero de 2017

Temblor

Algunas personas contamos con un sistema interno de amortiguadores que le evitan al cerebro, captar  cualquier tipo de sacudida que experimente la tierra.  Esto imagino, es bueno, pues no permite que se sientan los temblores.

Lo malo de la situación que describo es  no poder hacer parte de esa histeria colectiva posterior a ese tipo de eventos. Hoy, en un grupo de Whatsapp, varios preguntaron que si todos nos encontrábamos bien.  "Fulanito no contesta" dijo uno. "Ya hable con él y todos están bien" respondió alguien, mientras que otros escribían mensajes de lo duro que había sido y en donde los había agarrado.  Yo escribí un comentario más bien flojo, tipo chascarrillo, en el que nadie reparo,  pero claro, lo importante es el temblor y la manera en que se experimentó, el resto de temas, lo que sea, puede esperar, pero bueno, tal vez mi chiste si estuvo muy malo.

Luego, a lo largo del día, todos llevamos un nuevo lugar común en forma de interrogante en nuestras cabezas :"¿Sintió el temblor?". Supongo que es interesante cuando alguien responde: "Si claro, iba camino a tal parte, cuando de repente.... bla bla bla", pues las historias, para todos nosotros, son como una droga, pero  ¿De qué van a querer hablar las personas cuando alguien  les responda con un tajante y frío "no, yo no sentí nada"?

Así no haya sentido el temblor, de todas maneras he tratado de estar lo más atento posible a cualquier otra sacudida de la tierra el día de hoy.  ¿Cómo saber, por ejemplo, que el temblor de la mañana, es solo el abrebocas del fin del mundo?  Cuando salí a la calle, anduve con cuidado, atento a cualquier grieta en el suelo que, con una nueva sacudida, podría convertirse en un abismo por el que varios caeríamos. 

viernes, 3 de febrero de 2017

Los caprichos de la vida

Malcom Myatt llevaba una vida saludable.  De un día para otro sufrió un derrame cerebral que comprometió su lóbulo frontal.  Después de 19 semanas en el hospital y para sorpresa de sus doctores, no murió.  Perdió sensibilidad en el lado izquierdo de su cuerpo y ahora debe utilizar bastón, un precio barato para la cuenta que le paso la vida.

Cómo ningún evento que nos ocurre es en su totalidad bueno o malo, Myatt ganó algo con lo que le pasó.  Adicional a su reducción de motricidad ahora es incapaz de sentir tristeza, pues la región del cerebro que se le afectó, es la encargada del control de las emociones y permite identificar si una persona está triste o asustada, de acuerdo a su tono de voz y/o expresión facial.

El curso de nuestras vidas es totalmente caprichoso, pues hace con nosotros lo que le de la gana.  Por más que intentemos vivir a lo seguro, solo se necesita una fracción de segundo, en el que convergen millones de variables y sucesos  que están fuera de nuestro alcance, para que nuestra vida cambie por completo.

Suponemos que tenemos claro que es lo que hacemos a diario y nos aterra improvisar. Aplicamos pasos para ir a lo seguro: "Hago A, sigo con B, luego C, D, E, así hasta donde sea necesario, pero llega la vida y nos susurra: "Hoy no mi querido amigo, hoy primero va a ser E, luego saltamos a la A, para luego seguir con D.

En medio de nuestra rutinaa la vida se empeña en ser caprichosa y nos asombra de cualquier manera, arrasa con nuestro sentido de "orden"que con tanto esfuerzo intentamos construir, pero siempre nos deja algo, quizás una de las llaves a la felicidad es descubrir qué.

De ahora en adelante voy a parafrasear el vallenato de Los Diablitos, cada vez que la vida me tienda la mano o me de una cachetada:


“Los caprichos de la vida
No son como yo pensaba
Como los imaginaba
No son como yo creía”   

jueves, 2 de febrero de 2017

Sencillo

Lleva quince minutos con el arma en su mano. Un bombillo, con una luz cansada, ilumina de manera tenue el cuarto de tortura. Sus manos sudan y siente que el arma se le resbala. La pone sobre una mesa para evitar un accidente.

Enfrente, a menos de 2 metros un hombre se encuentra atado de pies y manos a una silla. Una bolsa de tela cubre su cabeza. Trata de imaginar las facciones del hombre encapuchado; cree que sonríe , a pesar de que el hombre, que no tiene más de 20 años, no para de sollozar. 

Hace parte de los rebeldes, razón suficiente para que sus comandantes, le hayan dado la orden de acabar con su vida. Sabe que el mundo está lejos de ser un lugar feliz, y espera que por lo menos sea algo justo. 

Su tarea es Es fácil. El cuarto está bajo tierra y nadie escuchará el eco del disparo, el primero que le dará a quemarropa a un enemigo. Intenta pensar que nadie echará de menos al hombre que ahora hiperventila detrás de la bolsa de tela. que se contrae al ritmo de la respiración agitada. Lleva audífonos que reproducen música clásica a todo volumen. No quiere escuchar nada de lo que le dice la victima. Se recuesta contra una pared y simula con sus manos que dirige una orquesta invisible que ubica en un teatro imaginario; es imposible meterlos en el mismo cuarto. 

Quiere acabar ya con esto, es sólo un disparo. No ve la hora de irse a casa para abrazar a su esposa y jugar con su pequeña de cinco años. 

Suena el teléfono de la habitación´. El hombre lo descuelga y lo pone en su oreja sin decir palabra. 

"Lleva más de 20 minutos ahí Martínez, lo que debe hacer es sencillo. ¿Necesita ayuda?" 
"No señor" responde mientras se muerde el labio. 
Abre la boca para decir algo, pero al otro lado de la línea ya no hay nadie. 

Martinez cuelga, camina hacia la mesa y agarra la Desert Eagle. Comienza a llorar. 

Los dos hombres son los únicos que escuchan el estruendo. Uno de ellos cae al suelo.

miércoles, 1 de febrero de 2017

La caja

A veces a Andrés Martin le aburre revisar su correo electrónico.   En muy pocas ocasiones encuentra mensajes de quien realmente espera que le escriba. Es lo primero que siempre hace al llegar a su trabajo.  Hoy Tiene 148 correos nuevos en su bandeja de entrada y otros 425 en la de spam.  A veces revisa esa carpeta para ver si alguno de esos mensajes importantes se coló en ella por equivocación, pero nada. Todavía existen personas, que no logra identificar, que se preocupan por el enlarge  de los penis de miles de personas, incluido el suyo.

Otro correo asegura en su asunto: "Sabemos que quieres aprender todo acerca de mindfulnesss", no sabe qué más le pueden enseñar aparte de que estar presente, aquí y ahora en, todo momento, una de las mejores maneras para no enloquecer, dejando de lado todo el misticismo que rodea al asunto.

Andrés podría listar miles de consejos que le llegan a cada día al correo sobre lo que debe hacer y cómo debe vivir.  Entre esos mensajes se encuentran todos los que tienen que ver con creatividad, innovación, startups, emprendimiento, etc. que repiten sus consignas acerca de ser disruptivos, creativos, innovadores y el más trillado de todos: Think outside the box.

Andrés cree que en cierto momento le hacemos caso a la consigna y le apostamos a lo que cada uno piensa que significa eso de “pensar afuera de la caja”, pero ¿qué lugar es afuera?  ¿cómo sabemos que salimos o seguimos dentro de la caja?  ¿cuál caja?, se pregunta.  

Si todo se resuelve, si la vida en verdad se soluciona pensando fuera de la caja, ¿no deberíamos más bien mirar qué carajos pasa con o en esa caja que tanto queremos abandonar?  Si conseguimos reparar la caja, tal vez no habría necesidad de querer salir de ella en todo momento. 

Al solucionar nuestras diferencias con la caja, habría más espacio para todos, tanto los que quieren seguir pensando dentro de ella como aquellos que ya están totalmente acostumbrados a salirse, Andrés cierra su E-mail, para él es hora de meterse en la caja con el nombre trabajo, una de las tantas que habita a diario.

·    Comprendí que estaba en el lado de fuera de la caja porque el
 caos había comenzado a resultar excesivo incluso para mí, que siempre había tenido
problemas con el orden."
- El orden alfabético -