lunes, 4 de marzo de 2019

Palabras perdidas

Hay muchos tipos de palabras: Adverbios, preposiciones, adjetivos, verbos,  etc. que a su vez se pueden dividir, se me ocurre de momento, en: agudas, graves, esdrújulas, homónimas, antónimas, por ejemplo. 


También existen otros tipos de palabras, no a ese nivel gramatical, como las cansadas de las que escribí hace algunos días y las perdidas, sobre las que quiero escribir hoy. 

Ayer, cuando estaba a punto de dormirme, justo después de que apagué la luz de la lampara que reposa sobre un mueble modular que hace sus veces de mesa de noche, y apenas cerré los ojos, se me ocurrió un tema sobre el cuál escribir. 

Me pareció una idea chévere y Pensé en anotarla en el celular, pero me dio pereza así que lo único que hice fue elaborar un poco sobre ella y repetírmela mentalmente varias veces antes de dormirme, confiado de que hoy la iba a recordar. 

La memoria, muchas veces, por la cantidad de ideas, recuerdos y temas que pelean por llamar la atención de nuestro cerebro a toda hora, traiciona la confianza que le tenemos. 

Hoy en la tarde, mientras caminaba, me acordé de la idea a medias, es decir, me acordé de que había pensado en ella la noche anterior, y me concentré para recuperarla pero no logré hacerlo. Lo único que logré rescatar fue la palabra avalancha, que iba a utilizar como figura y conclusión para el tema sobre el que quería escribir, pero eso fue todo, y por más que esforcé tratando de recordar otras palabras que iluminaran el camino hasta esa gran idea principal, no pude hacerlo. 

Es probable que las palabras perdidas compartan lugar con las cansadas, pero poco sabemos de ellas; quizás algún día encuentren el camino de vuelta hasta nuestra cabeza; ojalá sobrevivan donde quiera que estén. 

No queda más remedio que anotar todo lo que se nos ocurra, por más desquiciado que parezca, que creamos puede tener potencial.