lunes, 9 de agosto de 2021

"No es para comer"

Miro productos en un almacén que da a la calle. Es un día frío y el cielo está encapotado. las ramas de los árboles del sector se mueven de un lado al otro. “Viento de lluvia”, pienso.

Por encima del ruido del tráfico, escucho que alguien grita afuera.

Me dirijo hacia la ventana del local para averiguar qué ocurre. Los gritos son de un habitante de la calle, que alega con alguien. No sé si con algún transeúnte o algún personaje imaginario, que lo acompaña, o bien lo atormenta, en sus andares por las calles de la ciudad.

Me devuelvo a mirar los productos y el hombre se ubica justo enfrente del almacén.

“¡Señor!, ¡señor!, ¡señor!” grita ahora.

Yo soy ese señor al que está llamando con tanta insistencia. Me hago el loco, pero repite la palabra sin cansancio

“¡Señor!”

Cuando está a punto de desgañitarse volteo a mirarlo.

“Regáleme una monedita”, dice y su dentadura blanca contrasta con su cara sucia. Hago un gesto y le doy a entender que no tengo “moneditas”.

El hombre dice: “no es para comer, es para drogarme”, y luego suelta una carcajada. Su franqueza me desarma y no sé qué responderle.

Como no le digo nada, continúa su camino arrastrando los pies, y con un costal, al parecer, desocupado, que lleva al hombro.

Pasados unos segundos comienza a gritar de nuevo:

“¡Vengase!, ¡vengase!”, le dice a un perro que le ladra.

Cuando el dueño le llama la atención a su mascota. El hombre vuelve a reír y luego dice: “o si no vengase usted”.

Se para en actitud de pelea con los puños a la altura del mentón, pero ni el perro ni el dueño le hacen caso.

Luego da media vuelta y sigue su camino.