martes, 29 de diciembre de 2020

Egoísmo

Laura Santoro cree que en ocasiones es importante o, más bien, necesario, olvidarse de todo. En sus días libres, cuando se sienta en su escritorio para bordar, actividad que la relaja por completo, olvida quién es, y se quita toda la costra de títulos, profesión y demás credenciales que lleva encima, y que suele utilizar en su día a día como abogada y ser humano funcional. 

En esa burbuja que logra crear al realizar su actividad favorita, a prueba de balas y desdichas, y despojada de su identidad habitual, imagina que está sola en el mundo y experimenta levedad. Inmersa en ese estado, le gusta pensar que es como un fantasma, o bien, un alma, no en pena sino dichosa, que quedó atrapada entre el mundo de los muertos y los vivos. 

Cada puntada que realiza, en ese estado de muerta completamente viva, parece contener la eternidad, al tiempo que el significado de la vida. Cuando borda, cualquier asunto que la atormenta cobra sentido y todo encaja. 

Martín, su bebé de 5 meses, llora y la saca de su estado contemplativo. Santoro se pone de mal genio, siente rabia de no poder disfrutar del poco tiempo que le queda libre como le venga en gana, pero apenas llega a la cuna y lo ve sonreír luego de verla, el odio da paso al remordimiento, y se cuestiona su egoísmo. 

Después de arrullar y dormir a Martín vuelve a su tarea. Borda, y piensa que es un pulso contra la muerte, que con cada puntada que da, cada vez la parca está más cerca. Sabe que al final va a perder la partida, pero que no le va a ganar fácil, por eso a veces realiza la actividad con rabia, como si fuera lo último que le queda por hacer. 

Ahora suena el teléfono y los timbrazos despiertan a Martín que vuelve a llorar. recuerda la invitación que le hizo Jairo a cenar en la noche; sabe que solo se la quiere llevar a la cama, y hoy es uno de esos días en los que prefiere bordar que tener sexo. Se pone de pie para contestar el teléfono y en ese momento piensa que no quiere ser mamá, ni tener pareja, que no quiere ser nada ni nadie, si acaso una mísera puntada del tejido en el que trabaja, que no necesita mucho para poder ser.