martes, 5 de octubre de 2021

Sala de espera

Espero.

¿Qué otra cosa se puede hacer en una sala de espera?, bueno sí, también leo. Está bien, espero leyendo, en fin.

Casi todas las sillas del lugar están ocupadas, y hay una libre entre cada esperador, pero la distancia entre las personas no son los 2 metros reglamentarios de los que nos han hablado desde que comenzó la pandemia.

De no ser por un televisor que está a todo volumen, la sala estaría en total silencio. Los que no le ponen atención al presentador de un noticiero, que solo habla de tragedias y noticias negativas, tienen clavada su mirada en la pantalla del celular.

Una mujer que acaba de llegar a la sala le habla fuerte a la recepcionista, y luego de que esta le responde algo, concluye con rabia “No me hable de mala gana”

“Yo no le estoy hablando así”, responde la primera
“Si lo está haciendo”, insiste la mujer.

Mientras camina para sentarse en la fila enfrente de mí, miro sus ojos y no son la ventana del alma sino de la rabia, o eso me parece.

A lo lejos escuchó el sonido de cubiertos y loza de una cafetería. Me dan ganas de tomarme un café, pero lo más seguro es que me llamen si decido ir a comprarlo.

Continuo con mi lectura y al rato es interrumpida por una mujer con tacones que camina pisando fuerte el piso de mármol. Parece que intentara decir: “Vean acá llegué yo”, con sus pisadas,

Se anuncia con la recepcionista que, recordemos, se supone habla de mala gana, y esta le dice que por favor espere en la sala.

La mujer debe estar estrenando zapatos o le gusta el ruido que producen los tacones con el piso, pues decide caminar de un lado al otro sin parar.

Mientras tanto leo y espero o espero y Leo.