lunes, 24 de noviembre de 2025

Microsueños

Experimento dos. No me refiero a esos estados de sueño que duran pocos segundos, sino a esas ficciones que se inventa la cabeza mientras se duerme.

Después del almuerzo me siento fresco y sin rastros de cansancio. Sin embargo, apenas me siento en el computador, cae sobre mí una sensación de modorra que me pide, a gritos, tumbarme en la cama.

Le hago caso. Pienso en si poner una alarma en el celular para que no se me vaya la volqueta al río con el sueño, pero me convenzo de que solo voy a cerrar los ojos.

el primer microsueño tiene tintes de pesadilla. No sé en qué lugar me encuentro ni con quien estoy, pero de un momento a otro la tierra se comienza a sacudir y siento una angustia tremenda. El otro es psicodélico, podría decirse, y floto a toda velocidad por una habitación interminable.

Despierto, todavía con pereza, y presiento que viene un dolor de cabeza. “Es solo el cansancio”, me digo. Me levanto, voy a la cocina a prepararme un tinto y meto la cabeza debajo del chorro de agua  del lavaplatos.

El agua y el café terminan de borrar esa sensación de extrañeza que me dejaron los microsueños.