jueves, 19 de abril de 2018

Hielo

Pertenezco al grupo de los que, apenas se va a dormir, hacen cálculos de cuantas horas de sueño pueden disfrutar. Las supuestas 8 reglamentarias me parecen exageradas, 7 son un lujo, las 6 caminan sobre el borde del cansancio del siguiente día y menos es un atentado contra la paz mental y porque no mundial, pues quién sabe qué cantidad de gente vive emputada porque tiene sueño y se desquita con los demás. 

Lo único malo de dormir es tener que despertarse no de forma natural, sino con una alarma. Es que solo el nombre ya evidencia lo negativo. Los eruditos de la RAE, que me los imagino viejos y desgastados, definen la palabreja como: “Mecanismo que tiene por función avisar de algo”, pero también significa: “Aviso o señal de cualquier tipo que advierte la proximidad de un peligro”. 

Por eso despertarse resulta alarmante, es, guardando las proporciones, como estar en un sauna y de un momento a otro sumergirse en una piscina con muchos cubos de hielo. 

Puede ser que la vigilia, tan cargada de realidad, sea ese peligro que nos advierte la alarma, por eso, a veces, lo mejor es andar dormidos, y es que ninguna chicharra (que buena palabra esta) de despertador, celular, etc. es cordial con el sueño. 

Desde hace unos días decidí volver a conectar un reloj despertador para cambiar el sonsonete de la alarma del celular, que ya me tenía aburrido, por el de una emisora de radio; “Por lo menos me despierto escuchando música” pensé y, hasta el momento, me ha parecido una mejor opción para despertarme. 

Hoy, por ejemplo, la canción que me despertó fue “La Nevera” y me hizo reír. Cuenta las desgracias de un hombre que tiene la nevera pelada, pero recapacita y cae en cuenta de que por lo menos tiene nevera  y que puede hacer hielo.

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