martes, 18 de septiembre de 2018

Condena

La cajera de una cafetería habla con un guardia de seguridad. Le cuenta que su mamá, la de ella, no le ha dicho bien qué fue lo que paso; que en la audiencia de su hermano estaba muy afectada y que lo único que hizo fue llorar y llorar. 

“¿Será que si escuchó bien?”, le pregunta el hombre. “No sé”, responde la mujer, “es que ni siquiera a los violadores los condenan por tantos años” 

“Pues por ese delito”, le contesta el hombre en un tono paternalista, “lo máximo son 4 años” 

“No sé, ella me dijo que lo sentenciaron a 12, ¿será que escuchó mal?” 

“Además esas condenas no las dan en años, sino en meses: 200 meses, tantos meses y así”, concluye el hombre. 

Cambian de tema rápido, y comienzan a hablar de otra condena que la mujer tiene, al parecer, en proceso. Ella comienza a contarle al hombre, sobre una pelea que tuvo con su pareja el fin de semana pasado: 

“Pues imagínese que llegó súper tarde. Apenas entró, dijo que iba a salir, y yo lo confronté de una, le pregunté que qué le pasaba, que por qué estaba actuando tan raro y que me dijera qué quería conmigo, mejor dicho, qué era lo que esperaba de nuestra relación.” 

“Yo ya sé que conoció a otra vieja, y le pregunté: ¿Con quién se anda viendo?, pero se quedó callado y al final me respondió: “Si me va a molestar mejor me voy, y agarró las llaves de la moto y el casco, pero yo le dije que si iba a salir, que se fuera en bus o Transmilenio y que dejara la moto. Al final tiró el casco sobre la cama y me dijo que no lo esperará, que se iba a quedar donde la mamá”. Fijo se fue en la moto. 

“Qué inmaduro es” agrega su interlocutor pisando las palabras de la mujer. 

“Si. duramos unos días sin hablarnos y al final me llamó para decirme que, si lo nuestro debía terminar pues debía terminar, pero que de todos modos yo nunca iba a saber todo lo que me había querido. Que qué lástima que las cosas hubieran acabado de esa manera Desde ese día no nos hemos vuelto a hablar.”

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